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Criptomonedas: Me pasé internet para que tú no tengas que hacerlo


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Mi interés en el blockchain, como para muchas otras personas, empezó a través de las criptomonedas hace unos cuatro años. Estaba leyendo un libro de Adam Greenfield, Tecnologías Radicales cuando me encontré este pasaje:


“Esta (la criptomoneda) es la primera tecnología de la información que he encontrado en mi vida adulta que es fundamentalmente difícil de comprender incluso para gente muy inteligente y capaz”

Y por supuesto, pensé “voy a aprender TODO lo que hay que saber sobre el blockchain y Adam Greenfield se va a cagar”. Así que me caí en un pozo de información que me atrapó durante unas semanas. Leí el capítulo del las criptomonedas con toda mi atención, tomé notas, vi videos de YouTube y pasé horas mirando infografías con la misma ilusión con la que una contempla a su bebé recién nacido. Y cuando consideré que mi conocimiento era aceptable, me olvidé de todo lo aprendido.


Cuando los NFT se pusieron en boca de todos a principios de marzo, pensé en escribir sobre ello, pero eso implicaba revisar mi conocimiento sobre blockchain, porque no quería solo un conocimiento superficial sobre los NFT. La verdad, me daba un poco de pereza revisitar el blockchain.


Pero luego pensé que yo ya invierto en criptomonedas. Si supiera más sobre el tema, ¡podría hacerme rica! (o al menos tan rica como se pueda con una inversión de diez libras). Aún no muy convencida, abrí de nuevo el libro que había usado la primera vez. Y al leer otra vez la cita que os he puesto arriba, de nuevo me sentí personalmente retada por Greenfield. Sé que igual pensáis que soy muy lista, pero a veces me comporto con la sofisticación intelectual de un toro cargando contra la capa al viento.


El caso, que mientras leía, inicialmente para un post sobre los NFT me preguntaba si la gente realmente sabe cómo funcionan lo de blockchain y las criptomonedas. Porque yo, ahora que se me había olvidado lo que había aprendido hace cuatro años, cuando pensaba en el tema mi explicación era “lo hizo un mago”.



Os puse una encuesta en Instagram y al parecer no soy la única que se siente así. Así que voy a explicar lo de las criptomonedas. Pensando en vuestro bienestar mental, lo voy a mantener tan corto e interesante como me sea humanamente posible. Mi intención es contaros lo básico para tener una idea general de cómo funcionan las criptomonedas, y mantener cierta complejidad sin ahogaros en términos y números extraños. Yo quiero lo de siempre, que cuando acabéis de leer os sintáis en la cresta de la ola, porque lo habéis entendido y no habéis sufrido en el intento.


Dinero en metálico, pero digital


Las criptomonedas son más que transacciones que suceden en internet. Ojalá fuera tan fácil de entender. La innovación que presentan ante las transacciones digitales, como las que hacemos cuando compramos algo por internet, es que no se pueden rastrear, como el dinero en metálico, pero la transacción es digital.


Cuando hablamos de transacciones digitales, su significado es bastante aburrido. Mientras que un pago en metálico implica el dinero cambiando de manos, una transacción digital no es más que una entrada en una base de datos. Como no es un intercambio físico, la forma en que se hace es anotándolo: “la cantidad de dinero X ha dejado la cuenta de este usuario, en esta fecha y a esta hora, para ser depositada en esta otra cuenta”. No problemo.


Pues sí problemo. Una pensaría que es así de fácil, pero si hablamos de dinero en metálico, pero digital (digital cash), el sistema tiene un número de problemas que resolver. El mayor de todos es el problema de la confianza. A diferencia del dinero en metálico, las transacciones digitales requieren la ayuda de terceros. Alguien tiene que poner la base de datos en las que se almacenan las transacciones, y mantenerla actualizada. Alguien tiene que asegurarse de que el dinero efectivamente se deposite de una cuenta a otra. Esta entidad, el intermediario, se llama mint.


Y esta entidad, mint, es la más problemática, por una simple razón: ¿Cómo podemos confiar en ella? En las películas cuando hay un secuestro, el momento del intercambio es el más delicado. Nunca sabes si el secuestrador va a disparar al rehén una vez tenga el dinero del rescate. Por eso muchas veces ponen al rehén a andafr hacia la mitad de camino, o se usa a una tercera persona para hacer el intercambio. Pero nunca sabes si va a salir bien, o qué va a hacer ese intermediario. Por eso contenemos el aliento cuando hacen el intercambio, porque sabemos que hay muchas posibilidades de que algo salga mal.


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Mi imagen mental del intermediario estafándome.

En transacciones digitales, el intermediario o mint es problemático por muchos motivos. Primero, tienen demasiada información personal sobre las partes implicadas, y desde lo que pasó con Facebook en las elecciones de 2016 sabemos lo peligroso que esto puede ser. Antes de Bitcoin, teníamos que confiar que el intermediario actuase de buena fe, pero el peligro estaba ahí.


Por ejemplo, el intermediario tiene el poder de parar transacciones. Esto pasó en 2011 cuando varias entidades bancarias impidieron que Wikileaks recibiera donaciones, desautorizando las transacciones. El intermediario o mint también podría favorecer a una de las dos partes permitiéndole gastar el mismo dinero dos veces, simplemente “olvidándose” de plasmar una de las dos transacciones en la base de datos. Y por último, al centralizar los datos de las transacciones en un solo sistema tienes un caramelito muy atractivo para cualquier hacker.


Y claro, otro tema es que con transacciones normales, el valor de la divisa depende de la entidad que la distribuye, el estado. Devaluación es un problema que Bitcoin quería batallar, creando una moneda que no dependiese de ningún país. ¿Sabías que en 2018 un pollo costaba 14.6 millones de bolívares en Venezuela? Si la divisa pierde valor, todos perdemos.


¿Blockquién? ¿Criptoqué?

Aquí es donde Satoshi Nakamoto, el misterioso creador de Bitcoin, entra en juego. Bitcoin destierra al intermediario, la institución que almacena los datos de las transacciones, la tercera parte de nuestro secuestro imaginario que tantos problemas nos estaba dando. En vez de eso, Bitcoin usa la blockchain como libro de contabilidad.


Blockchain contiene la información sobre los usuarios y las transacciones. Cada moneda bitcoin tiene un identificador, así como cada usuario de Bitcoin. Cuando se hace una transacción, ésta también tiene una marca. En otras palabras, tanto los usuarios como transacciones tienen una especie de DNIs o firmas. Teniendo acceso a la red de blockchain, te puedes descagar la cadena de transacciones por las que una bitcoin ha pasado, porque la información no es parte de una sola base de datos, sino que está distribuida entre los usuarios. La magia negra que permite que creemos una firma digital se llama criptografía y gracias a ella, podemos estar seguros de que las transacciones son legítimas.


Resumiendo:


Blockchain es un libro de contabilidad para las criptomonedas, una base de datos que alberga transacciones digitales. En vez de estar centralizada en los servidores de una entidad bancaria, esta base de datos está distribuida en la red de manera que los usuarios pueden tener acceso al historial de transacciones. Y la criptografía es la manera de dar una firma a cada bitcoin, usuario y transacción para asegurar la seguridad de las transacciones.


Cómo funciona una transacción


Hasta ahora hemos explicado la infraestructura que hace la criptomoneda posible, ahora vamos a ver cómo funciona el proceso.


Bitcoin hizo algo diferente. En vez de pedir a sus usuarios que confiaran en el intermediario, (como nos vemos obligadas a hacer con los bancos) lo que hizo fue descentralizarlo, de manera que cada transacción estaría disponible para la red de usuarios, y un grupo de usuarios se encarga de confirmar que las transacciones sean legítimas. En vez de pedirle a los usuarios que confiaran en el sistema, Bitcoin hizo lo opuesto: proporcionó a los usuarios el poder de comprobar las transacciones de otros, creando un sistema basado en la desconfianza.


En otras palabras, confía siempre en la desconfianza del desconocido. Nadie es más consciente de que estás quebrantando las reglas de la pandemia como tu vecino, porque te tiene controlado. Ahí está, limpiando la mirilla o asomado a la ventana para asegurarse de que no vayas a hacer una fiesta con diez personas. Te está vigilando.


Voy a ser más concreta.


Imagina esto: Para llevar a cabo una transacción necesitamos un comprador y un vendedor. Los dos verifican el intercambio digitalmente usando su firma única. Los detalles de la transacción (la hora, el valor y los participantes) se combinan con información sobre previas transacciones. Toda esta información crea un “candidate block”, un bloque candidato, porque aunque ha sido verificado por las dos partes aún no ha sido confirmado por la red. Este bloque es confirmado por varios usuarios de la red, y cuando ha sido confirmado, se añade al resto de la información creando, por fin, la cadena de bloques o blockchain.



Minería



La minería es construir los bloques que conforman la blockchain y confirmar las transacciones. Gracias a los usuarios que minan, la red es segura y se mantiene actualizada. No todos los usuarios de Bitcoin minan, los mineros son voluntarios. Se le llaman minería comparándolo con la minería del oro, porque los usuarios que minan obtienen a cambio bitcoins recién saliditas del horno.


Pero claro, ser minero no es fácil. Al principio se podía hacer en un ordenador cualquiera, pero ahora el proceso se hace usando equipo especial (ASIC) para profesionales de la minería.


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Aparato para minar bitcoins, en eBay por $18,495

Además, los mineros tienen que presentar primero una prueba de trabajo. Esto consiste en una calculación compleja que es extremadamente costosa computacionalmente, hasta el punto de que los mineros generan pérdidas mientras minan. Y no estoy hablando de una factura de la luz que tu madre te castigaría sin salir un mes. Estoy hablando de que colectivamente, minar bitcoins consume energía equiparable a la que gastan países enteros.


La prueba de trabajo se hace porque descarta la posibilidad de falsificación, porque no tiene sentido que un minero proponga un bloque para confirmar y gaste tantos recursos para luego no obtener nada a cambio cuando la transacción no se confirme.


Después de presentar la prueba de trabajo, se hacen las calculaciones necesarias para confirmar la transacción, y si son los primeros en completarla, consiguen las bitcoins. Porque esa es otra, otros usuarios también están simultáneamente trabajando en el mismo bloque que tú. El más rápido gana. Lo digo por si pensabas dejar tu trabajo para minar bitcoins. Aunque también te digo, una bitcoin en el momento en el que escribo esto equivale a 51.574 euros.


Más allá de Bitcoin


Justo cuando la fascinación por Bitcoin estaba en lo más alto, cambiaron las tornas. De pronto, lo fascinante no era Bitcoin en sí, sino blockchain. Como sabemos, lo innovador de blockchain es que descentraliza la información. Sin bancos ni instituciones. El potencial del blockchain para descentralizar más que una divisa (descentralizar el gobierno, los contratos u otras aplicaciones) alimentó los sueños húmedos de futuristas de todo el mundo.


Bitcoin nació en un momento en el que la desconfianza hacia el gobierno y los bancos era máxima, y mucha gente vio en Bitcoin y las criptomonedas que vinieron después un futuro esperanzador. Pero si me habéis leído antes, ya sabéis que os voy a decir. Futuros justos no se construyen a base de humanos injustos. Después de todos estos años de criptomonedas, lo que veo me advierte que no me deje seducir por la idea de un mundo más igualitario, más democrático y postcapitalista conseguido gracias al blockchain. De hecho, yo me he reconciliado con la idea de que blockchain tiene más capacidad de reforzar el sistema actual que de cambiarlo.




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